Talvez sea el corazón lo que nos guía, talvez la razón.
Talvez el camino ya esté trazado, talvez no.
¿Son los latidos de tu corazón los que dictan el paso que habrás de dar?
¿Son los pasos de alguien más los que marcan el ritmo a tu corazón?
¿Vas por la vida sin mapa, sin brújula, sin dirección...
a dónde llegarás, dónde terminarás?
Amores errantes, corazones nómadas hambrientos de pertenencia,
soñando cada noche con llamar suyo un pedazo de tierra.
Caminando sobre una senda plagada de raíces y hojas secas,
en el suelo una alfombra de flores muertas,
promesas de dulces frutos que no pudieron nacer.
Vagando por el mundo, perdidos en el camino, en la vida, en nosotros mismos,
sin agenda, ni bitácora... persiguiendo un horizonte que nunca habremos de alcanzar.
Encuentros, desencuentros, líneas paralelas que simulan compañía,
andantes tan perdidos que agrandan el divagar.
Exploradores sin experiencia en trazar ruta segura,
incapaces de diferenciar entre suelo firme, arenas movedizas y una laguna.
Desorientados, sedientos, entregando el último aliento tras cualquier espejismo,
dejando sus últimos latidos ante el augurio de un oasis que jamás se presenta.
Con cada paso que dan se alejan, no del camino sino de ellos mismos...
Acompañantes tan acostumbrados a la oscuridad que les es imposible alumbrar.
Si tan solo hubiera luna llena, si mi cielo tuviera estrellas... si mi cielo tuviera estrellas.
No existen rutas seguras, no hay camino verdadero...
los atajos se convierten en desfiladeros.
Sin norte, sin dirección, sin conciencia...
instrumentos descompuestos, rotos, corazón y brújula.
Camina, te dice la vida...
Corre, te grita el tiempo...
No te muevas, te pide el miedo.
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