Está vez no quedé en medio, está vez sí me tocó y lo recibí como tenía que ser.
Estaba intentando bañar a mi niño, en ese baño insufrible que de verlo te ensucias, tratando de conseguir agua caliente, con el piso inundado porque el desagüe estaba tapado hacía meses, mientras mi hermano luchaba por soldar un nintendo para poder ponerse a jugar videojuegos. En unos días regresaba a mi trabajo y me invadió esta misma escena repitiéndose día tras día, revuelta con la prisa y la brutalidad de la rutina así que le pedí ayuda para al menos conseguir agua caliente mientras mi niño ya estaba dentro de la bañera tibia y yo calentaba agua en la estufa. Al vaciar la segunda olla, mi hermano se dipone a destapar el desagüe con la bomba del baño, casi en la cara de mi niño, con la puerta del baño abierta (inmediatamente cruzando la puerta hay un hoyo en la pared que permite ver el cielo, la casa del vecino y deja entrar corrientes de aire, sobra decir que estábamos en invierno). Al entrar le dije "quiero cerrar la puerta, hace frío" a lo que contestó "¿quieres que lo arregle o no pues?". Y como ya no pienso aguantarme ni callarme, decidí contestar lo que se me había preguntado con lo siguiente: sí, pero no cuando ya se necesita, te lo pedí hace dos meses... Su respuesta/reclamo fue: ¿Y a qué horas? !Qué la chingada, ni tengo tiempo para mí...!
Supongo que dijo más pero ya no lo escuché porque estaba cerrando la puerta.
Ese día hice desayuno para los tres, lavé trastes, eché varias lavadoras (una con todas las toallas de la casa, no solo mías o de mi niño, que también doblé y guardé en su lugar), aparté la ropa que ya no le quedaba mi niño, revisé correos, redacté y publiqué en la página de mi consultorio, saqué basura, armé un estante que compré para el baño, pinté con aerosol tres cajones de unos muebles míos y de mi niño, hice una vela, le detallé el corte de cabello a mi niño, barrí mi cuarto (que comparto con mi niño), limpié, limpié y limpié (aunque no se note), entre otra muchas actividades "insignificantes".
Regreso a trabajar en unos días, trabajo medio tiempo fuera de casa y reviso pendientes en el celular cuando puedo (lo hago a escondidas porque si me ven sentada con el celular en la mano lo último que van a pensar es que estoy trabajando), es complicado usar la laptop aunque sería más sencillo pero no se puede...
Cuando salgo a trabajar, mi niño se queda en casa con mi hermano, debo aclarar que no lo baña (es más no le lava las manos o la cara), no le procura una rutina de sueño, tampoco se asegura que coma, digamos que cuando regreso de trabajar tengo que llegar a cambiarle el pañal y a preparar comida para todos porque seguramente no han ni desayunado, se le salió de la casa una vez, vamos que cuidarlo cuidarlo... Y trabajar, trabaja únicamente los fines de semana por la tarde noche y eventualmente hace uno que otro trabajo.
¿Podría yo dejar de trabajar para que mi hermano, en su alterada realidad, tuviera tiempo para sus cosas? Supongo que sí, me encantaría que se fuera él a trabajar al menos medio tiempo y yo solo los fines de semana, gastarme mi dinero en comida de la calle, cerveza, que compraran mandado cada semana, que me hicieran desayuno, que me prepararan también la comida, que lavaran los trastes, que barrieran la casa, que limpiaran la barra, la mesa, el patio, fantástico sería que alguien más usara su dinero para comprar las cosas de uso común, ah! y la gasolina... No veo la hora en que mi pobre hermano tenga tiempo con una chingada para sus cosas.
Tiempo para sus cosas, dice... Uno pensaría que si le hacen de comer, le lavan los trastes, le abastecen de víveres, le hacen la lavandería común, le evitan el tener que cumplir con ciertas obligaciones laborales (por decirlo de manera amable), el tiempo libre no sería un problema, sin embargo, tal parece que si uno tiene un horario que cumplir y obligaciones, el tiempo se multiplica de manera exponencial mágicamente transformándose en actividades cuantiosas.
A mí con una chingada me basta y aquí, ya se están acumulando, así que habrá que buscar soluciones antes de que sean más y me lleven. Habrá que encontrarle otros cariños a mi hijo, que es el que quiere estar metido allá donde reparten, antes de que aprenda también a repartir.