Si por eso que llaman casualidad, el destino cruzara nuestros caminos un día cualquiera, y en la charla trivial tú me preguntaras: Vives en la casa de tu mamá? Yo tendría que responderte que no aunque así sea...
Y si la confianza fuera total, te diría que no, que yo no vivo en la casa de madera llena de goteras, donde hay más personas que ventanas, donde abunda el polvo y falta orden.
Sería enfática en sacar esa idea de tu cabeza y te repetiría que no, que yo no vivo ahí. Yo no vivo en esa casa llena de pollilla y malos recuerdos, con ese ambiente oscuro como la historia familiar que amenaza con desmoronarse a la menor brisa.
En esa casa que tú dices, la de paredes desgastadas, de la que todos los vecinos hablan y señalan, en la que abundan las carencias y el caos, yo no vivo, en esa casa yo me muero.
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